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Divulgación de opinión, ensayos, artículos y reseñas realizadas por estudiantes de la Universidad del Bío-Bío

¿Naciste tonto? Tranquilo, aún tiene solución


Mira tu por donde. Crecí traumatizado desde aquel dichoso test de inteligencia que me hicieron en el colegio y cuyos pobres resultados (que se leyeron indiscretamente en el aula, junto a los de los demás) sorprendieron a todos, porque yo era uno de los chicos que sacaban mejores notas de la clase. Aquella vergonzosa experiencia me hizo pensar que en realidad yo era un tonto del haba que por alguna razón había desarrollado una técnica (un atajo, un sucedáneo de la inteligencia innata) para estudiar, aprender y disfrutar con el proceso incluso en contra de mi pesada carga becerril.

Años después, ya adulto, descubrí que aquel experimento escolar fue un despropósito. Sucedió cuando otro test, más serio, demostró que mi inteligencia era normal, o incluso ligeramente superior a la media. Fue liberador, el agujero en mi autoestima provocado por aquel trauma infantil quedó felizmente remendado.

¿Y por qué me acuerdo de todo esto ahora? Pues todo viene a colación de una breve nota de prensa que he leído en un medio estadounidense en la que hablan – y aquí viene lo bueno – de pensamiento inteligente en contraposición a la propia inteligencia. Según leo, el pensamiento inteligente (al contrario que la inteligencia que es algo innato) es una habilidad que puede cultivarse. Al menos eso cree el psicólogo Art Markman de la Universidad de Texas en Austin, quien sostiene que los humanos no nacemos con una capacidad particular de hacer cosas inteligentes.

“Cada uno de los componentes que te hace ser inteligente forma parte de tu caja de herramientas mental”, dice Markman.
Lo más importante, según este psicólogo, es que podemos hacernos más inteligentes. ¿Cómo? Pues el truco está en entender el modo en que usamos el conocimiento para solucionar problemas. Si lo logramos podemos desarrollar hábitos inteligentes para describir problemas de forma efectiva y para aprender más sobre el modo en que funciona el mundo.
Su teoría (ha escrito un libro para explicarla, seguramente una opción inteligente) se basa en la información que ha acumulado durante los seis años que trabajó para Procter & Gamble enseñando a sus empleados a solucionar de forma efectiva los problemas que surgen en el entorno laboral.

Por ejemplo, Markman sostiene que la solución a múltiples problemas complicados, surge cuando se evalúan analogías provenientes de otras áreas de conocimiento. La lección que debemos extraer de este “pensamiento inteligente” es que la gente a la que la sociedad considera inteligente (pensemos en Steve Jobs, por ejemplo) no están más dotados de forma innata que tu o que el vecino del tercero, sino que han desarrollado y refinado – basándose en unas cuantas cosas aprendidas – una habilidad que les permite emplear el conocimiento que poseen justo cuando lo necesitan.

Así que ya ves, después de todo puede que en realidad si sea tonto del haba desde la infancia, y que habiendo sido el primero en darme cuenta de que el pensamiento inteligente es una solución cojonuda, he permitido que la fama (y la pasta por la venta de sus libros) se la lleve Markman.
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